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Jesús | 7 Palabras en la Cruz |
Las Siete Palabras suelen enumerarse del siguiente modo: |
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Primera Palabra
«Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen» (Lucas 23,34).
Constituye esta palabra la postura culmen de la doctrina evangélica
sobre el amor; y pronto fue practicada por los cristianos, como en el
caso de Esteban (Hechos 7,60). Esta palabra falta en algunos códices. El
motivo que ocasionó la supresión parece ser la intención de los copistas
de subrayar de este modo la responsabilidad de los judíos. Sin embargo,
la admiten todas las ediciones críticas. Es coherente con la doctrina de
Cristo sobre el amor a los enemigos (Mateo 5,44), con la oración del
Padrenuestro (Mateo 6,9-13) y con su propia conducta durante la pasión
(Mateo 24,48.51). |
Segunda Palabra
«De cierto te digo: hoy estarás conmigo en el paraíso» (Lucas 23,43).
Es la respuesta de Cristo a la súplica "acuérdate de mí, cuando vengas
en tu reino" del ladrón arrepentido.
Este ladrón que evidentemente puso su confianza en Jesús, a pesar de ver
en Cristo una imagen deteriorada por el maltrato, las heridas y la
sangre coagulada en todo el cuerpo, dándole una imagen grotesca más que
una imagen de alguien en quien confiar, mucho menos Jesús tenía una
imagen de poder, divinidad o realeza, y sin embargo el pudo distinguir
en medio de esos elementos, al Rey, al Salvador ya resucitado. La
respuesta de Jesús es pronta, le dice al ladrón que confié, que cuando
El vuelva por segunda vez lo llevara al paraíso, es la muestra de amor,
donde no se hace reclamo alguno de su vida pasada, es la aceptación
total con toda su integridad de la persona, porque Dios sólo espera la
acción de buen ladrón de poner su confianza en el Señor. |
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Tercera Palabra
«Mujer, ahí tienes a tu hijo», y al discípulo: «Juan, ahí tienes a tu
madre» (Juan 19,26 s.).
Una primera interpretación ve este pasaje en sentido ético o social:
Cristo entregó el cuidado de su madre al discípulo amado, cumpliendo un
elemental deber filial. Pero desde la más remota antigüedad, tal vez ya
Orígenes y ciertamente en el s. XV Dionisio el Cartujano, se ve en san
Juan, hijo adoptivo de María, al representante de todos los que por la
gracia habrían de ser hermanos de Cristo. El sentir católico ve
expresada en la frase la maternidad espiritual de María. El magisterio
de la Iglesia, sobre todo desde León XIII, es constante en este sentido. |
Cuarta Palabra
«Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» (Mt 27,46).
Es una oración tomada del salmo 22, que probablemente recitó completo y
en arameo (Eli Eli lama sabachthani), lo cual explica la confusión de
los presentes que creyeron ver en esta súplica una llamada de auxilio a
Elías. Éste es un acto de profunda soledad y sentido de alejamiento de
su Padre. Esta palabra pronunciada por el hombre crucificado es, más que
un reproche hacia Dios, la oración del justo que sufre y espera en Dios;
Jesús, en lugar de desesperar y olvidarse de Dios, clama al Padre pues
confía en que Él lo escucha, pero Dios no responde porque ha
identificado a su hijo con el pecado por amor a nosotros, y éste debe
morir. Jesús, colgado en em mdero de tormento, es rechazado ahora por el
Cielo y por la tierra, porque el pecado no tiene lugar. Cuantás veces en
nuestras vidas hemos sentido el abandono de Dios: ¿Por qué a mi? ¿Por
qué ahora? ¿Qué hice Señor? Preguntas y preguntas como la de Cristo, que
encuentran como respuesta el silencio de Dios. Por lo general, es la
mejor respuesta que nos puede dar, pero no lo entenderemos hasta que
sepamos que del silencio brota la Resurrección. |
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Quinta Palabra
«Tengo sed» (Jn 19,28).
Es la expresión de un ansia de Cristo en la cruz. Se trata, en primer
término, de la sed fisiológica, uno de los mayores tormentos de los
crucificados. La palabra está tomada de los salmos 69,21 y 21,16. Se
interpreta en sentido alegórico: la sed espiritual de Cristo de consumar
la redención para la salvación de todos. Cuadra con la estructura del
cuarto evangelio, y nos evoca la sed espiritual que Cristo experimentó
junto al pozo de la Samaritana (lo 4,7) |
Sexta Palabra
«Todo está consumado» (Juan 19,30).
Se puede interpretar como la proclamación en boca de Cristo del
cumplimiento perfecto de la Sagrada Escritura en su persona. Esta
palabra pone de manifiesto que Jesús era consciente de que había
cumplido hasta el último detalle su misión redentora. Es el broche de
oro que corona el programa de su vida: cumplir la Escritura haciendo
siempre la voluntad del Padre.(Mt 5,17 Ss.; 7, 24 Ss.; Lev 22,42; lo
4,34). |
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Séptima Palabra
«Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu, mi alma y mi cuerpo» (Lucas
23,46).
Esta palabra expresa la oblación de la propia vida, que Jesús pone a
disposición del Padre. Invoca el salmo 30,6, en que el justo atormentado
confía su vida al Dios bondadoso y fiel. En Cristo todo se había
cumplido, sólo quedaba morir, lo que acepta con agrado y libertad (lo
10,18). Esteban, uno de los mártires cristianos, imitó a Cristo en la
primera palabra, lo hizo también en esta última, encomendando su
espíritu en el Señor Jesús (Hechos 7,59). |
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semana santa
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