LAURA
Mi pequeña flor tan etérea,
tan bella, tan sola.
Mi niña consentida, capricho
del destino tu partida,
a ti recurro en mi pena,
a ti como a un bálsamo
de miel y luna.
Mi sol de doradas tardes,
mi día se nubla y se nubla.
Sin ti esta vida no es tal,
son dolores que aguijonean el
alma.
Son puñales que descarnan
el cansado corazón.
Adiós es la palabra que
pronuncié llorando,
adiós es el misterio
del resto de mi vida.