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MI REGALO Richard Bach
Ahora ha llegado el momento que abras tu regalo. Los
regalos de vidrio y hojalata duran sólo un día y luego
desaparecen. Yo tengo un regalo mucho mejor para ti.
Es un anillo que quiero que lleves. Brilla con una luz
especial y nadie te lo puede quitar, tampoco puede ser
destruído.
Tú eres la única persona en el mundo que puede ver el
anillo que hoy te entrego, así como yo era el único que
podía verlo cuando era mío.
El anillo te dá un nuevo poder.
Con él te elevarás hasta las alas de todos los pájaros
que vuelan, verás a través de sus ojos de oro, tocarás
el viento que estremece sus suaves plumas y conocerás el
gozo de alejarte del mundo y sus preocupaciones.
Podrás quedarte en el cielo
todo el tiempo que quieras, pasar allí la noche,
contemplar el amanecer y, cuando sientas deseos de
regresar, tus preguntas tendrán
respuestas y tus preocupaciones habrán desaparecido.
Como todo lo que no puede ser tocado con las manos o
visto con los ojos, tu regalo adquiere mayor poder a
medida que lo usas.
Quizás al comienzo sólo te lo pongas al aire libre,
mientras observas el pájaro con el que vuelas. Pero más
tarde, si lo sabes usar, te guiará hasta pájaros a los
que no puedes ver, y por último descubrirás que no
necesitas ni anillo ni pájaro para volar sobre las
quietas nubes.
Y cuando llegue ese día, deberás dar tu regalo a alguien
que sepas que lo usará bien, alguien capaz de aprender
que las únicas cosas importantes son las que están
hechas de alegría y verdad, y no de vidrio y hojalata.
No puedo viajar, porque ya estoy contigo. No eres
pequeño porque has crecido jugando entre tus vidas como
lo hemos hecho todos, por el gozo de vivir.
No tienes cumpleaños porque has vivido siempre; nunca
naciste y nunca morirás. No eres hijo de aquéllos a
quienes llamas padre y madre, sino su compañero de
aventuras en un luminoso viaje que nos lleva a entender
las cosas que existen.
Todo regalo de un amigo es un deseo de felicidad y lo
mismo ocurre con este anillo.
Viaja libre y feliz más allá de los cumpleaños, por
encima de la palabra "siempre", y nos encontraremos
alguna que otra vez, cuando así lo deseemos, en medio de
la única celebración que no puede terminar.
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